El cine y Paola Díaz: una angelina dividida entre dos amores

Por Pablo Novoa • 21-Diciembre-2009 • Archivado en: En las 7 ramas del arte

Tiene alma de cosmopolita, pero sus afectos personales permanecen en la ciudad que la vio crecer. Dice encontrarse en una disyuntiva, la cual espera tener resuelta cuando comience a enfrentarse a la vida profesional, como productora de cine. Desde Los Ángeles, asegura, se puede hacer mucho por el denominado Séptimo Arte.

Paola Díaz Cáceres

Paola Díaz Cáceres

Fue demasiado difícil encontrar a una mujer dedicada al cine en Los Ángeles. De hecho, todo indica que dentro de los márgenes de la comuna no existe tal personaje.

Así, tuvimos que extremar esfuerzos y salir en su búsqueda. No fue en vano. Logramos dar con una joven de 24 años, hermosa, irreverente y emprendora –las dos últimas, definiciones de ella-, que hace algunos años decidió abandonar su comarca para ir a concretar su sueño personal y profesional, nada más y nada menos que en Buenos Aires.

Paola Carolina Díaz Cáceres (24) inició el 2005 su estada en territorio trasandino, decisión que entiende como una lógica consecuencia del inolvidable viaje de tres meses que realizó a Cambridge –para aprender Inglés-, y que incluyó otras partes de Europa. Ese periplo, señala, determinó su vida en muchos aspectos.

Hablamos por Messenger, en las horas previas a otro de sus viajes de retorno a Chile. Un año “difícil”, pero a la vez exitoso, ha concluido. Está feliz porque aprobó todas las asignaturas de Producción Cinematográfica, la carrera que estudia en la Universidad del Cine de la capital trasandina, y de la cual sólo le resta por completar un cuatrimestre.

Cada uno de los mensajes que envía pulsando el “enter” de su computador deja en evidencia su ya prolongada permanencia en Argentina. Queda claro, por ejemplo, cuando rememora su “definitoria” visita al viejo continente.

“Mi madre siempre fue una mujer muy ‘open mind’ y uno de sus deseos adolescentes que ella en alguna oportunidad mencionó -no sé si se acuerde o no, pero vos sabés que las cosas que te dicen los padres te calan en profundidad-, es haber sido diplomática y viajar alrededor del mundo”.

Su progenitora, médico internista al igual que el padre de Paola, cumplió en parte su anhelo pues, si bien no se convirtió en embajadora o cónsul, disfrutó un mes completo en Europa.

“Como increíble que es mi madre, quiso que viviera y/o experimentara esa ‘magia’ (…) a mí siempre me gustó viajar, pero en este viaje me di cuenta que más que nada amaba conocer diferentes culturas, el día a día, la idiosincracia real que llegas a vivenciar no en tres días de viaje, ni arriba de la Torre Eiffel. Eso no es LO REAL, vivir como ellos viven, pensar como ellos piensan…”.

¿Impregnarte de otra cultura?

“Claro, este viaje significó no sólo una forma diferente de mirar mi cultura, fue un impulso y una práctica para lo que se venía después. Fue, digamos, una ‘bandera verde’ para el gran paso”.

MALETA PEQUEÑA

Entre el 2003 y el 2004, con 18 años, comenzó a trazar lo que sería su futuro profesional. Atrás quedaban años de inquieta adolescencia, conjugación de su personalidad y de las “heridas” que dejó en sí la separación de sus papás: “fui una adolescente rebelde, pobres mis padres, ja, ja, ja”.

Hoy, con más experiencias a su haber, realiza un análisis mucho más profundo de lo que significó esa situación para su vida.

“Para mí hay dos clases de personas. Las personas que son hijos de matrimonios que perduran y los hijos de padres separados como ‘my self’. En nosotros hay una ‘cualidad’ que aún no puedo llegar a describir que te define como persona, sobre todo si este proceso se llevó a cabo en la adolescencia. Porque el adolescente ‘adolece’ per se y encima adolece la ruptura de los padres (…) para mí los hijos de padres divorciados somos en general, y siempre en general, gente más realista. Es decir, el matrimonio es una institución creada por gente que tenía un promedio de vida de 30 años, por lo que es muy ilusorio seguir aplicando lo mismo para gente que pretende vivir el doble. Igual, siempre hay excepciones”, manifiesta.

Esto es algo que ha concluido luego de varias discusiones, y de idas y vueltas entre Chile y Argentina.

Vueltas que comenzaron cuando optó por irse a estudiar Dirección de Cine a la Universidad del Cine de Buenos Aires.

¿Y por qué cine?

“Mirá, es un conjunto de cosas, vos podés vivir DE eso y no podés vivir SIN eso. El cine, la televisión, son un reflejo de tu pueblo; a través del cine y la televisión podés cambiar una cultura”.

Paola pregunta si he visto el “Chacotero Sentimental”…

“Mirá, te voy a contar algo que te va a parecer medio ridículo, pero bueno, va de todos modos. Me acuerdo como si fuera ayer, mientras veía esa cinta. Me di cuenta que el cine no era una actividad que la fabricaban sólo los extranjeros, era una actividad que sucedía en MI país, era algo que estaba lejos, pero no era inalcanzable. Sé que suena una boludez pero, para ese entonces, en Los Ángeles no existían medios alternativos para abastecerte de corrientes no populares. Si eras afortunado llegaban más de dos películas diferentes al cine y, por supuesto, ésas no eran producto nacional. Hoy, con la globalización, Internet, es otra cosa; las generaciones de adolescentes angelinos hoy por hoy tienen las puertas abiertas al mundo en tan sólo un click”.

No fue el único detonante, clarifica Paola Carolina. Su “veta” se la debe también a su padre, quien deseó ser cineasta y que, en la actualidad, se dedica aparte de lo profesional, a la realización de cortometrajes junto con el Grupo Audiovisual Los Ángeles (GALA).

“Son amateurs, pero a mí me impresiona bastante la calidad que llegan a tener. Mi viejo es un tipo muy emprendedor y creativo”, resalta con orgullo.

Y si de alicientes se trata, el máximo espaldarazo para ir en búsqueda de su sueño, fue su madre.

“La primera vez que yo expresé que quería estudiar Cine, yo no conocía a un sólo ser humano que lo hubiese estudiado o que lo estuviese estudiando, era una carrera muy fantasiosa. Pero grande mi madre, ella siempre dice que el límite no es Chile y siempre nos incentivó a seguir lo que nos apasiona, es una grosa”.

Tenía claro que no quería estudiar en Chile, no porque la “larga y angosta faja de tierra” fuese un mal lugar para estudiar, sino por que está convencida que la vida es una sola y eso obliga a alcanzar pronto una simbiosis entre lo profesional y personal. Además, tiene alma de cosmopolita, enfatiza.

“Como sea, di la PSU. Para ese entonces yo tenía clarísimo que la PSU no era definitoria en términos de posibilidades; había investigado universidades en New York, en Londres y en Alemania, pero los costos de mantenimiento eran irrisorios para mis posibilidades económicas, más bien para las de mis padres”.

Tras la Prueba de Selección Universitaria –en la cual le había ido ‘relativamente bien’-, postuló a Cine en la Universidad de Valparaíso, pero no estaba convencida.

“Al día siguiente a la mañana me llama la Anita (prima), que ‘labura’ en la UNIACC y estudió Comunicación Audiovisual. Me cuenta que tiene un amigo/conocido/amigo de; no sé la verdad, ya ni recuerdo. Él se iba a estudiar a la Universidad del Cine, en Baires. Me pasó la página, abrí la página, la miré, cinco minutos más tarde bajé y le conté a mi mamá y ella me dijo que sí, pero que hablara con papá. Ese mismo día -media hora más tarde-, me pasó a buscar mi viejo para ir almorzar a su casa (…) mi viejo se ‘copó’ mal con la idea, pero al día siguiente ya estaba empezando los trámites”.

¿Cómo fue eso de hacer las maletas, despedirte de tus seres queridos?

“Recuerdo estar haciendo las maletas. Hice una maleta pequeñita, con 2 ó 3 cosas. Llega mi mamá -nunca me olvidaré de esto- y me dice que porque estaba haciendo una maleta tan pequeña, que me diera cuenta que yo no iba de paseo, que yo me estaba yendo a VIVIR a otro lugar. Era muy ingenua”

Su madre fue a “instalarla”, acompañada por su hermano Andrés y Konrad, hijo putativo de su progenitora. Se alojaron en el Hotel República, frente al Obelisco, a la espera de un hogar definitivo.

“Costó mucho encontrar un lugar donde vivir, Buenos Aires en sentido inmobiliario es un desastre, una competencia constante. Tan desesperada estaba mi madre de no encontrarme casa que estuvo a a punto de dejarme en una residencia Opus Dei, ja, ja, ja. Fue un momento muy traumático”, afirma.

Hasta agosto de ese año se quedó en una residencia para extranjeros. Sus expectativas, marcadas por el prototipo del “mechón” criollo, chocaron rápidamente con el muro de la realidad.

“Pensaba en fiestas de bienvenida, mucha joda, mucho cague de risa y cuando llegue acá, era ‘vos ibas a clases, terminaban las clases, te ibas a tu casa. El primer día, cuando mi mamá se fue me despidió en la puerta de mi Facultad, y se marchó en un taxi a Ezeiza. Yo no conocía a una sola alma en esta ciudad, volví a la residencia, una residencia con capacidad para 80 personas más o menos, y sólo habíamos dos. Llegué al silencio total, recuerdo que ese día fueron horas mirando el cielo raso, ni siquiera prendía la televisión porque no entendía los programas de ‘chimentos’, ni el código de humor que tenían”.

Tampoco podía llamar a alguien para desahogarse. Estaba totalmente sola, en un país extraño. Fueron horas muy largas, pero esa misma noche llegó una mexicana –Iliana- a compartir cuarto con ella. Fueron juntas a tomar un “licuado de ananá” (jugo natural de piña), y empezó “a vivir” nuevamente.

DIRECCIÓN E INFLUENCIAS

Paola entró a la carrera de Dirección de Cinematografía, pero en tercer año se cambió a Producción, la cual terminará a mediados de 2010.

¿Por qué el cambio de carrera?

“Intentaré hacer una analogía… si entras a Medicina, colectivamente lo asocias con cirugía, pero la Medicina va por rubros, de la misma forma que el Cine. Hay cirujanos, dermatólogos, oftalmólogos, etcétera; del mismo modo, en el Cine hay productores, directores, director de fotografía, director de arte, etcétera”.

¿Y tus influencias, cuáles son?

“Me gusta mucho Lucrecia Martel (argentina), sobre todo por ‘La niña santa’; de John Cameron, ‘Mitchell Hedwig and the angry inch’; también tengo un amor por los musicales y el cine clásico”.

¿Alemán, francés, norteamericano, ruso?

“‘Nouvelle Vague’, que es la corriente más fuerte en mi universidad, no es algo que me motive. Preguntarle a un estudiante de cine cuál es la película o las películas que más le gustan, es como preguntarle a un músico cuál es su compositor favorito. A esta altura, mi gusto es muy ecléctico”, sostiene.

¿Pero siempre existe un favorito, no?

POR SUPUESTO!!!!!!!!!!!!!!!!!! Hoy por hoy, pero hoy, porque cada día es una diferente dependiendo del estado anímico, te diría ‘Hedwig and the angry inch’, es una de esas películas que te da ‘bronca y pensás, ¡mierda!, ¿por qué no se me ocurrió a mí?; ¡qué genio, qué envidia!’”

Renglón seguido, asegura que no le basta con esa respuesta, pues hay miles de películas que le ‘voltean’ la cabeza.

¿Y directores?

“Como te decía, me gusta mucho Lucrecia Martel, es sublime; además, tiene un punto de vista en lo que refiere al sonido, muy interesante”.

¿Qué te sucede con los denominados grandes directores, como Kubrick, Bergman, Kurosawa, Allen, Burton, Scorsese, por nombrar a algunos?

“Amo a Bergman. kubrick para mí es un genio -en todos los sentidos-, pero es medio psico… un obsesivo, un loco por el cine. Bergman es uno de los directores que movió mi vida, sobre todo con lo que refiere a la puesta en escena; Liv Ullman es una diosa, increíble. Hace un par de años, para el BACIFI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), fuimos a ver un par de documentales de Bergman, acerca de su trascendencia en el teatro. Luego de procesar su origen, entendés su genialidad (…) el guión Dios, me mata. Es indefinible, sería un insulto tratar de describir su genialidad en un par de frases, creo que lo que más me atrae es que te hace sentir los personajes, es un maestro”.

¿Y de Chile?

“En Chile me gustó mucho ‘Julio comienza en julio’ (Silvio Caiozzi), pero ‘Cachimba’ la verdad dejó mucho que desear, es un guión poco consistente a mi parecer; es inverosímil”.

CON EL ALMA BIFURCADA

Le resta muy poco para culminar sus estudios formales y, en este momento de su existencia, no tiene tan claro qué hará tras ello. Por un lado, está segura que Buenos Aires es el sitio que la enloquece; por otro lado, no quiere perderse el ver cómo crecerán sus hermanos, en su Los Ángeles de infancia y adolescencia.

Además de su hermano Andrés –hijo del matrimonio de sus padres biológicos-, Paola posee otros tres: Teresita Alexandra (8), fruto del segundo enlace de su madre; y los mellizos Camilo y Felipe, de dos años, que son los pequeños herederos de su progenitor.

A todos ellos ama y extraña desde lejos, al igual que a sus amigas y amigos angelinos. Afortunadamente, tras esos primeros momentos de extrema soledad en la capital federal, ha logrado también allí hacerse de un excelente grupo de amistades.

“En Buenos Aires tengo a mi gente, a mis amigos, quienes han sido pilares muy importantes –emocionalmente- en mi estadía. Sin ellos no sé si hubiese resistido las dificultades que se presentan cuando no pisás tu tierra”.

¿El plan es permanecer allá?

“No sé, hay que ver lo que me depara la vida. Hoy por hoy, la dicotomía entre el amor y el lugar donde me siento feliz me pesa mucho (…) Buenos Aires, mi amado Buenos Aires, pero mis grandes amores están en Chile”.

En cualquier caso, luego de finalizar su ciclo académico, tiene que cumplir con la realización de algunos cortometrajes.

“Normalmente producimos con equipamiento del departamento técnico de mi ‘Facu’; ahora que cumplo cinco años de residencia en Argentina, tengo el derecho a inscribirme legalmente como productora, y así poder postular a fondos, a subsidios, a concursos; es decir, conseguir financiamiento de organismos públicos para realización de proyectos más significativos a nivel económico”.

La próxima decisión trascendental de su vida pretende adoptarla en enero, durante sus vacaciones en Los Ángeles.

“De todas formas no me imagino mi vida sin Buenos Aires, pero tampoco me imagino la vida sin mi familia. Es complicado”.

¿Podrías desarrollarte profesionalmente en una ciudad comparativamente tan pequeña?

“Sí. Es medio surrealista, pero con la frecuencia y facilidad que tenemos en cuanto a la comunicación, desde un punto de vista utópico, es posible. Tendría que viajar mucho, pero ‘¿qué le hace el agua al pescado?’”.

¿Cuál sería tu aporte, de qué magnitud para una ciudad como Los Ángeles?

“Uyyyy, es muy largo, no sé por dónde empezar. No sé, de forma lateral hacer valer los componentes que brinda la región, no sólo desde el punto artístico, sino desde el económico; recursos de equipamientos o la mano de obra siempre se puede importar; por otro lado, siempre existe la posibilidad de recrear un pequeño San Luis en Los Ángeles. Lo veo lejano, pero si otros pueden, ¿porque nosotros no?”.

Emprendedora como se califica, dice tener muchas ideas, pero admite que la materialización de éstas supone mucho capital.

Reflexiona y concluye que el cine es una actividad que demanda “mucha guita”, pero no teme.

Cree en sí misma, en su personaje social un tanto irreverente, el cual le favorece en términos de relaciones interpersonales no formales; pero que, en ocasiones más serias, le significa puntos en contra, opina.

A nivel más personal, se declara en una constante búsqueda de la experiencia, de la vivencia -sean éstas positivas o negativas-. “Tengo poco filtro y trato de ser lo más genuina. Si deseo vestir una remera naranja con un pantalón verde limón y me siento cómoda, lo voy a usar; cada vez me importa menos lo que opinan los demás; también soy una persona que necesita trabajar bajo presión -porque vengo de un sistema que funciona de esa forma-; alegre, pero melancólica; inconformista, pero a la vez feliz con cosas simples”.

Se ve como una persona de extremos, pero que cree en el equilibrio: “soy humana, ja, ja, ja”.

Como sea, la pone contenta cada retorno. Los abrazos con los suyos, o una nueva probadita a sus apetecidas Bilz o Limón Soda.

¿Cómo son tus regresos a Chile?

“Normalmente viajo en avión, pero me encanta hacer el viaje por tierra. El paisaje es avasallante”.

ÚLTIMAS PROYECCIONES

Dice que del Cine espera obtener los réditos suficientes como para vivir “tranquilamente”. Lo adecuado como para, si decide tener hijos, poder darles a ellos todas las posibilidades que sus padres le brindaron para su desenvolvimiento personal. No le gustaría ser millonaria, pues está segura que el dinero en exceso es “una condena”.

Le preocupa de sobremanera el futuro de su área. Como un inconveniente –aplicable a la realidad chilena- identifica dentro de la industria argentina la fuerte competencia procedente de Hollywood.

“En Argentina, como en Latinoamérica en general, la industria está concebida como una industria cultural; en Estados Unidos, el cine es una industria de entretenimiento; por lo tanto, puesto que el entretenimiento y las masas populares no apelan tanto a lo cultural como al entretenimiento, es difícil llevar el crecimiento de ésta a términos monetarios. Es más rentable crear cine de ‘pochoclo’. Una de mis vetas personales es la fusión de estos dos sistemas, unificar lo que concierne a las instituciones culturales subsidiadoras con lo que quiere el común denominador del pueblo. Una cosa no excluye a la otra”.

Más adelante le gustaría formar parte de sindicatos que ayuden a regularizar y proteger de forma real a las películas nacionales, frente al ‘dumping’ propugnados por las empresas norteamericanas: “todo bien con los ‘yankees’, me encanta el cine que realizan, pero el surgimiento parte por medidas legales de protección”.

No conoce en profundidad la ‘cuota de pantalla’ que hay en Chile, pero asevera que ha buscado información y se ha dado cuenta de que no hay sindicatos fuertes.

“La verdad, la información en la red de las normas chilenas son muy escasas o difíciles de encontrar; he pedido información a gente y a amigos que ‘laburan’ de esto en Chile, y no sé si hablé con gente que no era la indicada, pero por lo que entendí, no hay mucha regulación”, lamenta.

En alguna ocasión intentó hacer un presupuesto, “por amor al arte, digamos, pero no pude encontrar los mínimos por sindicato de los técnicos. No están estipulados en ningún lado”.

Son algunas de las cosas que Paola espera ayudar a mejorar en nuestro país, si es que –finalmente- se decide por su primer amor.

Comentarios

  1. Juli dice:

    FELICITACIONES PAOLA!!!! Muy buena entrevista

  2. loreto dice:

    Un gusto leer acerca de Paola!

  3. hola dice:

    necesito saber si me pueden dar contactos de personas q dirijan grupos culturales

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