La pintura y Cristian Fuica: lo que se vive es lo que se pinta

Por • 21-noviembre-2009 • Archivado en: En las 7 ramas del arte

Cuando era un adolescente, Cristian Fuica supo que quería ser artista. Lo supo en ese momento pero en realidad desde antes de aprender a escribir su afición por la pintura ya era un hecho. Es un artista local que confía en su ciudad, que invita a sentirse orgulloso del círculo de pintores con que se cuenta pero que, a la vez, está cansado, dice, del cahuineo constante que se genera en la ciudad. “Pueblo chico infierno grande”, sostiene.

Cristian Fuica

Cristian Fuica

“Los primeros recuerdos que tengo de mi infancia son con lápices en las manos, rayando cuadernos, dibujando y pintando”.

Se dice que los niños aprenden a dibujar antes que a escribir, y en el caso de Cristian, sus propios recuerdos así lo confirman. Y es que la pintura siempre ha estado presente en su vida: cuando niño, sintiendo -dice él- “la necesidad” de dibujar, y hoy, a sus 34 años, desarrollando un sólida carrera en este arte visual.

Cristian nos recibe en su Taller de calle Condell, una casa amplia con grandes ventanales en el frontis, con una música de fondo que, de seguro, llega a las casas contiguas. “No me había dado cuenta de que estaba tan fuerte”, dice mientras baja el volumen de la radio para no molestar al vecindario.

Luego, nos invita a conocer su Taller, el que -por lo demás- es su última y muy anhelada “adquisición”. Allí pasa parte del tiempo que permanece en Los Ángeles. La “otra parte” -sabremos luego- la dedica a compartir en algún pub con otros -que como él- valoran el llamado tiempo de ocio, conversación y la bohemia para crear. Pero de eso hablaremos más tarde.

Por ahora nos interesa el Cristian Fuica de los años 70′, aquel niño que pasaba horas y horas dibujando y pintando, con episodios motivadores que -probablemente, al menos en parte- lo convirtieron en el artista profesional que es hoy.

“Cuando tenía 5 años hice un dibujo con lápices scripto y se lo fui a mostrar a mi papá que estaba trabajando en la misma casa. Recuerdo que él tomó la hoja y la enmarcó austeramente con cartones y plásticos transparentes y la colgó en la pared. Ese es un episodio que recuerdo como un acto hermoso y a la vez motivador”.

Y tu mamá ¿también estuvo presente en ese sentido?

Sí, de hecho recuerdo que cuando tenía 4 años un día ella me dijo “hoy estás de cumpleaños y quiero hacerte un regalo ¿qué quieres?”, lo que fue algo novedoso porque hasta ese momento yo, como era chico, no tenía noción de lo que era estar de cumpleaños…

¿Y qué elegiste?

Bueno, le dije que quería un cuaderno y una caja de lápices de 12.

pinturasfuica.blogspot.com

pinturasfuica.blogspot.com

Y claro, cómo habría de elegir otra cosa, si él mismo nos cuenta que pasaba tardes enteras dibujando, motivado -ya vemos- por sus padres pero también, y muy especialmente- por su hermano mayor. “Él fue un puntal en el dibujo, yo seguía sus pasos y aprendí mucho de él”.

En general sus recuerdos de infancia son buenos, aunque -dice- también hay de los malos; pero la mayoría son positivos e inspiradores, como el de aquel primer dibujo enmarcado por su papá y el regalo de cumpleaños que le dio su mamá.

De ahí en adelante, cuenta, participó en una seguidilla de concursos de pintura para niños, donde los resultados no siempre fueron los mejores. “Me ponía muy nervioso así que a veces dibujaba puras tonteras”.

UN PARÉNTESIS Y LOS SIGUIENTES PASOS

“La pintura es la capacidad que más desarrollé y estoy desarrollando, es la profesión que me ha dado más beneficios personales y en la cual mejor me puedo reflejar en cuanto a mi personalidad”. Éste es hoy Cristian Fuica, un artista sólido, con trayectoria y mucho futuro; y un artista que -quizás como todos- también tuvo un paréntesis artístico.

“Cuando niño era bueno para el dibujo pero malo para pintar, es decir, era buen gráfico pero los pinceles no eran mi fuerte, así que por algunos años, entre los 8 y los 13 aproximadamente, dejé el arte y me dediqué a internalizar imágenes”.

¿Cómo fue esa etapa?

En esos años dejé de crear, me dediqué a leer, y me puse muy visalizador…

¿Cómo es eso?

Comencé, por ejemplo, a poner mucha atención a un montón de revistas, siempre internalizando imágenes, lo que en definitiva se convirtió en una fuente informativa que comencé a ocupar en la adolescencia.

TuMirada.cl

TuMirada.cl

Permanecemos atentos al relato de Cristian, pero de pronto surge una distracción: es alguien que llama a la puerta. Cristian la recibe e invita a pasar a la primera sala del Taller. Es una de sus alumnas. Nuestro entrevistado le da algunas instrucciones y regresa junto a nosotros en otra de las habitaciones de la casa.

Toma asiento, bebe un sorbo de café y continúa su relato.

“Cuando llegué a la adolescencia saqué afuera todo lo que había guardado por tantos años dentro de mí, todo lo que había acumulado durante los años previos”.

¿Y entonces fue cuando supiste que querías ser o eras un artista?

Eso fue a los 15 años…

¿Y cómo lo supiste?

Porque me di cuenta de que me había transformado en un individuo introvertido…

Pero… los adolescentes son así generalmente…

Sí, pero en mi caso, me veía disociado de las posturas, lineamientos y directrices del mundo que me rodeaba, y eso iba más allá del típico berrinche y maldición adolescente, porque gran parte de esa disociación se estaba plasmando en pinturas.

Decidido el camino que quería seguir, Cristian se abocó a ir poco a poco mejorando la técnica.

Volantín Chileno

Volantín Chileno

En ese entonces era alumno del Liceo Comercial, establecimiento que cobijó -nos cuenta- a muchos otros que, como él, son hoy pintores; entre ellos Patricio Inostroza y Ramón Cárdenas. Éste último se convirtió en uno de sus grandes compañeros, y es que -dice Fuica- “uno siempre necesita a un compañero que te entienda, y por eso con él hicimos buenas migas, ya que juntos desarrollamos la experiencia estética además de la amistad fraterna”.

Pasaron los años y debía ingresar a la Educación Superior. En ese momento surgieron las interrogantes: ¿qué estudiar?, si me decido por arte ¿podré vivir de ello?. Fue Mauricio Contreras -otro destacado artista visual angelino- quien le recomendó estudiar primero Pedagogía en Artes Plásticas, y quizás luego después la Licenciatura. Y así lo hizo. Aunque a regañadientes.

“Saqué la Pedagogía a regañadientes porque el trabajo de aula no me gustó”. Sin embargo, años mas tarde, le tomaría “el gustito”, cuando trabajando en varios colegios comprobara algo que siempre había creído: que los profesores pueden aprender de sus alumnos.

“Trabajé en los colegios Alemán, Adventista, Padre Hurtado y Concepción, y si bien me gustaba mucho el trabajo en el aula, me retiré de la docencia porque no me gusta lo administrativo”.

Pero ¿fue una buena experiencia?

Sí, lo fue, y es que trabajar con niños de 6, 7 y 8 años es agotador pero a la vez maravilloso porque siempre un profesor, además de enseñar, aprende. Para mí fue muy constructivo, y es que sobre todo en el arte existe un verdadero intercambio entre el profesor y sus alumnos.

Cristian también se ha desempeñado como profesor de jóvenes y también adultos, incluidos varios alumnos mayores de 45 años. De todos ellos, dice, algo ha aprendido.

EL PROCESO CREATIVO

“Antes de cualquier proceso creativo me remito a lo que me está pasando en el momento. Y es que todo artista da cuenta en su obras de su acontecer, de lo que está viviendo, de lo que siente y le rodea”.

Cristian confiesa, además, que le acomoda la soledad para trabajar. Por ello fue que pasó varios años sin una relación sentimental como la que tiene ahora; relación a la que prefiere no dar el nombre de pololeo porque “no me gusta ese concepto… me resulta un cacofónico… po-lo-liar”, dice sonriendo.

Pero las relaciones sentimentales son una cosa, y su relación con el arte es otra. Y particularmente hoy es así. “Actualmente estoy trabajando para desenmascarar todo hábito redentorio o dorado que tienen las artes”.

¿A qué te refieres exactamente?

Me refiero a que, más allá de todo lo maravilloso del arte y de todo lo que uno pueda sentir con él, pienso que en general el arte, o la pintura particularmente, son un tanto caprichosas. Porque en realidad son como cualquier otra profesión, pero lo cierto es que están rodeados de un montón de mitos y de cosas que son adaptadas de una manera ficcionada. Y es que en realidad el arte nunca va a superar a la realidad, y no lo hará porque es una realidad paralela al artista.

¿Y eso será parte de tu próximo trabajo?

En realidad, ya tuve una exposición en ese sentido. Fue “Falsa”, que corresponde a una serie de pinturas basadas en fotografías que tomé del paisaje aburrido entre Los Ángeles y Santiago. Son pinturas de formato pequeño y puestas en marcos de $700, pero que crean la ilusión de una arte clásico, siendo que en verdad sólo son un registro de las horizontales del paisaje. Lo repititivo del arte puede llegar a ser aburrido.

¿Y se puede clasificar el arte, la pintura, en aburrido o no aburrido?

Al menos hoy, yo, Cristian Fuica, los primero que hago es clasificar una pintura como entretenida o aburrida… aunque eso dependerá de cada uno y de los códigos que maneje.

Nos detenemos en este punto de la conversación, dejando por algunos minutos de lado el relato de su vida. Y ahora nos dirigimos al Cristian Fuica pedagogo.

¿Puede cualquier persona conocer el significado de una pintura?

Sí, porque en realidad cuando las personas ven una pintura lo primero que hacen es buscar la empatía, buscar en ella elementos que les resulten cercanos, y a partir de la presencia o ausencia de estos elementos hacen la evaluación.

Pero, depende también de cuánto sepa esa persona de arte…

Claro que sí, porque mientras mayor sea el nivel de preparación para enfrentar una obra, la decodificación será mejor, pero no es algo imprescindible. Siempre les digo a las personas que busquen significados en las obras, y es que cualquiera puede emitir juicios sobre una pintura, porque la sensación de placer o rechazo, en definitiva, será la misma entre alguien que sepa teoría del arte y alguien que no sepa.

PUEBLO CHICO, INFIERNO GRANDE

El rostro de Dios

El rostro de Dios

“Desde hace un par de años el público de Los Ángeles se ha vuelto bastante receptivo e interesado por conocer de arte. Existe un nicho de público que está pendiente de los que hace el público local”.

Cristian pasa la mayor parte de la semana en Santiago, cursando un Magíster en Edición de Libros en la Universidad Diego Portales. Pero cada semana regresa a Los Ángeles.

“Esta ciudad está llena de pintores y, entre ellos, hay muy buenos artistas plásticos, y por eso creo que Los Ángeles debiera sentirse orgulloso de contar con muestras permanentes de arte y con un circuito activo de pintores que están siendo partícipes de los cambios artísticos a nivel nacional, cosa que no ocurre en otras ciudades del país. Los Ángeles es una ciudad privilegiada”.

¿Te gusta Los Ángeles?

En realidad tiene cosas buenas y malas…

Partamos por las buenas…

Lo que decía antes, se ha ido conformando un público con el que existe mucha empatía. Hay ambientes que frecuento y que son potenciales escenarios para hacer muy buenas cosas…

¿Un público que sabe de arte?

Un público que quiere aprender de arte, que quiere saber, y al que por supuesto hay que enseñarle, porque no basta con exponer una obra y decirles “ya, ahí está, aprécienla”. No, no basta con eso, hay que enseñarles, pero lo bueno es que ya existe el interés. De hecho, creo que de aquí a 15 años más Los Ángeles será una ciudad con mucho acervo cultural en varias disciplinas artísticas.

¿Y cuáles son las cosas malas de Los Ángeles?

Lo que no me gusta es que somos prejuiciosos, muermos y que a mucha gente le importa …eee…. le preocupa mucho….eee….

¿Lo que piensen los demás?

No…eee… es que, y esta es una molestia personal, muchas veces uno está trabajando con su boca cerrada, solamente poniendo en acción un capacidad mental y motriz, y aparece gente que no hace nada y sólo se dedica a criticar, a hacer circular rumores… a hacer circular cahuines…

¿Cahuines?

Sí, gente que cahuinea, y que hace circular diatribas y un montón de discursos inválidos, intrascendentes y sin fundamentos. Es como “pueblo chico, infierno grande. La verdad no entiendo cuál es el interés de hablar gratuitamente un montón de cosas… de porqué existe gente “tan” preocupada de los artistas de Los Ángeles.

¿Y quiénes son esas personas?

Un montón de gente, de distintos grupos y edades, desde jóvenes hasta viejos cahuineros… personas a las que quizás les faltó talento y lo están desarrollando en la lengua.

Cristian nos cuenta que esa molestia personal -de gente que cahuinea- también la ha plasmado en su obra, y que de hecho está pensando en retomar la figura humana a fin de utilizarlas en varias pinturas en el futuro.

Pero afortunadamente, lejos de ese círculo de cahuines, él participa de un circuito de bohemia que, dice, es muy atractivo.

“Muchas veces sí se pierde el tiempo en la bohemia, pero a la vez se trata de tiempo de ocio que uno necesita para su proceso creativo. Y es que como uno crea independientemente, sin patrón, muchas veces se malentiende y se cree que uno pasa carreteando y en medio del desorden, y sí, quizás haya algo de desorden, pero no por eso deja de ser productivo.

VIVIR DE… ¿LA PINTURA?

“No vivo de la pintura, aunque si me lo propusiera podría”

TuMirada.cl

TuMirada.cl

Actualmente Cristian divide su tiempo entre las clases de pintura que dicta en su taller, la editorial que dirige, las pinturas y sus estudios en Santiago. Cuenta que hoy por hoy vive de sus ahorros, de aquel dinero que “gané mientras trabajaba como mula haciendo clases en universidades y colegios”.

De la pintura, dice, podría vivir, aunque cuesta, porque reconoce que no es fácil hoy en día que la gente de decida a pagar lo que vale una pintura. “Es más barato ir a una tienda cualquiera y comprar una linda pintura de un arreglo floral para decorar la casa… lo que también es válido, porque el arte también tiene un fin estético”.

Dice que está en un periodo de transición, y que de aquí al 2011 pretende tener organizada su vida afectiva y profesional. Asegura estar renovando sus metas. Si, renovando, aunque claro está, siempre desde, en y hacia la pintura. ¡Buena suerte Cristian!

Déjanos un comentario