La literatura y Carla Burgos: alimentando el alma
Se podría decir que entre el verso y esta joven poeta angelina existe un amor “a segunda vista”. Un cariño al cual ella no quería, al cual no consideraba, del cual incluso renegó por muchos años, pero que siempre estuvo cerca. Ahora la llama arde y su anhelo es que nada los separe.
Carla Burgos
La literatura y, específicamente, la poesía, es y será por siempre una de sus mayores pasiones, pero a Carla Andrea Burgos Escobar (24) jamás se le ha pasado por la cabeza estudiar esta disciplina de manera formal. Dice que simplemente no podría hacerlo, pues abarcar todos los aspectos que le interesan de esta manifestación del arte le resultaría algo imposible.
Angelina de nacimiento, hija de un apicultor que desde que era una pequeña intentó inculcarle el amor por los libros a ella y a sus dos hermanos menores, Carla se convirtió a partir de su adolescencia en una poeta de corazón, rememora.
“En el liceo pasé por etapas ‘depre’ y comencé a leer Filosofía, existencialismo ateo, quería matarme, ja, ja. Fue una etapa complicada. Derivado de la Filosofía, de todo lo que había leído, comencé a escribir (…) siempre me gustó el arte, pero no ‘cachaba’ que yo escribía (…) cuando ‘caché’ que estaba escribiendo poesía fue como a los 17 y ahí recopilé varios cuadernos que tenía”.
Un día indeterminado del siglo XXI, transitando por una de las tradicionales calles de Los Ángeles, sus ojos se encandilaron con la luz que la guiaría en adelante.
“Vi un afiche del grupo literario ‘Concepciones’. Entonces, encontré tan ‘choque’ la propuesta, el concepto, que dije ‘quiero entrar a ese taller para tener más recursos y saber algo de estructura’”.
Ese año participó en varias lecturas bajo la tutela de Rommy Schneider, encargada en ese entonces del taller. Luego que ésta dejara su puesto a Jenny Díaz el cargo quedó en sus manos. Así, en poco tiempo, pasó de ser una más de las integrantes, a la responsable de la actividad que se desarrollaba en la Universidad de Concepción.
DE CABECERA
De hablar pausado, Carla enfatiza con frecuencia las últimas sílabas de las palabras, resaltando por sobre todo aquellos conceptos que le interesa dejar en claro. Posee una voz agradable al oído, conectada con una mirada tranquila y que es, en realidad, lo que más convence de ella.
Recuerdo de un viaje a la costa de nuestra región
Respecto a sus primeros pasos, la joven añade que nunca le gustó mucho la lectura. O eso pensaba, pues mientras cursó la enseñanza media leía poco menos que obligada.
El punto de inflexión se produjo durante la primera crisis existencial de su vida, cuando se aferró a un cassette con grabaciones de Pablo Neruda. Los famosísimos 20 poemas de amor y la solitaria canción desesperada la acompañaban cada noche, en el preámbulo de su sueño.
“Luego de ese cassette empecé a leer. En mi casa había varios libros que nunca los había tomado en cuenta, de Vicente Huidobro, de Gabriela Mistral y me rayé, me rayé con Vicente Huidobro, con la poesía visual; después de eso me rayé con Nicanor Parra, lo imitaba; todos me asimilaban mucho con él”, sostiene.
Después arribó al autor al cual considera “un dios” dentro de la poesía: Juan Luis Martínez. Fue en 2007, año en que la Fundación Pablo Neruda la favoreció con una beca literaria.
Debía viajar dos veces al mes a Temuco, pero a mitad de temporada se vio sumida otra vez en una profunda depresión, que pudo superar “escapando” a Valparaíso, ciudad a la cual declara amar.
Allá retomó la beca y se encontró definitivamente con la obra de Martínez, autor contemporáneo a Nicanor Parra.
“Acá había visto algo de Juan Luis Martínez, pero no lo había valorado. Él es un poeta de Valparaíso, que ya falleció hace harto tiempo y que tiene un libro súper importante, el libro ‘Objeto’, que es la nueva novela. Él desestructura la poesía, la desestructura totalmente y hace harta poesía visual, que es lo que más me gusta”.
¿En qué consiste la poesía visual?
“La poesía visual es ocupar diseños, gráficos; yo lo interpreto así. De partida, no es la poesía tradicional, porque la poesía tradicional obedece a ciertas estructuras básicas; tú tienes que saber de estructuras básicas para desestructurarla y proponerla, que es eso lo que me gusta de la poesía visual”.
¿Y la influencia de Neruda?
“Aunque quise renegar harto tiempo, sí. Neruda es ‘seco’, es un poeta muyyy bueno. Uno de los valores que tiene, es el trabajo del ritmo que tiene su poesía…eso me gusta harto”.
¿Algo del extranjero?
“Sí, hay poesía brasileña visual que me encanta”.
¿Y de los clásicos?
“Los típicos, estos poetas malditos como Charles Baudelaire, sí, eso… César Vallejos (peruano), cómo utiliza las palabras, me encanta, muy bueno. Yo leo mucha poesía chilena, peruana, brasileña, ésas son mis mayores influencias. Los brasileños son súper innovadores con el tema de la poesía visual y los peruanos utilizan el lenguaje de una forma precisa, y eso me encanta. Los chilenos… estamos en una cuna de poetas, tengo para regodearme en cuanto a influencias”.
ENTRE BARES Y MICROS
Afortunadamente para Carla, en el tiempo en que le tocó vivir, existe el celular.
“Yo a veces estoy durmiendo y despierto con un verso y lo escribo en el celular. También, siempre ando con un lápiz y un papel”.

Obra "Aperitivo" del Grupo Literario Concepciones
Son los instrumentos que le permiten materializar su proceso creativo, el cual se da más bien de noche, asevera.
“Hubo un tiempo en que yo ‘carreteaba’ harto, tenía hartos amigos, arquitectos, diseñadores, pintores. Nos juntábamos, siempre andábamos con lápices y hojas grandes y cuando estábamos bien ‘arriba de la pelota’ nos poníamos a escribir. Encuentro que es súper enriquecedor estar en un carrete y escribir porque en un carrete la gente está con alcohol y no mide sus palabras. Tú como que percibes mejor… yo de repente salgo a bares solamente a escuchar”.
Otro de los métodos favoritos que Carla utiliza para “enriquecerse y sensibilizarse”, es tomar un microbús y dejarse llevar hacia cualquier sector periférico de la comuna para ver, para escuchar cosas.
Casi siempre es cuando el sol se esconde.
“Todo lo hago en la noche, estudio de noche… y me encanta escribir de noche; en el día yo no funciono. O sea, cuando tú me dijiste a las 9 –hora de la entrevista-, me cagaste el sistema. Cuando tengo clases en la mañana, no voy, porque estoy tan acostumbrada a tener activa mi mente en la noche, que en la mañana no funciono, casi nada”.
La realidad cotidiana es su mayor fuente de inspiración. Es que la gente en las calles dice cosas, las personas se quejan y el poeta está para registrarlas.
Ejemplifica: “Una vez iba en una micro y una señora trató súper mal a un niño, lo maltrató físicamente delante de todos, le dijo groserías. Y entonces escribí sobre violencia infantil”.
El cómo transmitir aquellas realidades registradas, es cuento aparte. Con la experiencia adquirida, Carla tiene claro que el utilizar ciertos recursos ayuda a una reacción más cómplice de parte del público.
“Este año leímos con unas capuchas, porque íbamos a hablar sobre la violencia… en los espacios más formales utilizo el Data para impactar: en las universidades, en la biblioteca, allí utilizo el Data como poesía visual, que es más fácil de digerir; en los liceos yo entrego poemas cortos, textos breves, y los regalo. En lugares masivos, tienes que ‘hacerla corta’. Caerle bien al público, entrar como en confianza, leer algo breve e impactante”.
TuMirada.cl
Es su receta y gracias a ésta no teme a una respuesta negativa de alguna de sus heterogéneas audiencias.
“Es una sensación rara, ya no me genera incomodidad. En el evento que hicimos con respecto a la Paz y a la No Violencia en la Casa de la Cultura yo me senté y leí mi poesía delante de harta gente. Yo pensé ‘estos weones. Nadie me pescó, nadie me escuchó’. Pero después, en la calle, me decían me encantó tu poema, increíble, súper agradable”.
Eso es gratificante, opina, más aún tomando en cuenta que presentar una creación es toda una apuesta, que consiste –nada más y nada menos – que en mostrar tus emociones más íntimas.
“Para mí, un recital poético siempre va a ser como hablar a ‘calzón quitado’ de lo que me está pasando a mí, de lo que veo con respecto al contexto local, nacional o internacional. Es como desnudarse emocionalmente hablando”.
GÉNERO Y TERRITORIO
El hecho de ser hombre o mujer, plantea la poeta angelina, el venir al mundo con una carga genética diferente, determina ya la creación artística. Así, las mujeres son más emocionales y el hombre es más racional, cree
La pintura es un buen modelo para lo que señala, enfatiza.
“Ellos se ríen o encuentran básico un cuadro de una mujer cuando pinta una flor. Me vas a perdonar la expresión, pero el hombre no se va a dar ‘la paja’ de pintar una flor. Como que es más ambicioso, es más competitivo, busca temas como la situación en el mundo, como la guerra, se va como a lo general; las mujeres vamos más a lo particular, buscamos detalles”.
Se declara orgullosa de que en Los Ángeles existan varias damas inmersas en la poesía. Algunas “viejitas”, inclusive, que sacan libros, sobre las cuales la gente tiene casi nula idea.
Propone entre las dignas de destacar por su calidad a Paola Villar, “que es ‘seca’, pero muy buena, tiene un manejo del lenguaje exquisito. Yo a la Paola la admiro harto, igual que a la Jenny Díaz, que es mi amiga, partner, que ahora está en Santiago”.
Eso sí, lamenta que las condiciones que ofrece la capital provincial de Bío Bío para el fomento del arte en general, sean escuálidas, en comparación con otras urbes del país.
“Hay pocas editoriales. Cuando yo estuve en Valparaíso se me presentaron varias oportunidades para publicar, pero me hice la tonta, no estaba ni ahí, estaba recién empezando, para qué iba a publicar si iba a ser un fiasco…”.
¿Te dio miedo?
“Me dio lata. Yo pensé que tenía que crecer más. De hecho, estoy súper tranquila, cuando saque un libro –tengo así una ruma con poemas, pero esa ruma tengo que ordenarla, trabajarla-, será por un trabajo a largo plazo. Pero en Valparaíso hay varias editoriales, hay ‘ene’ poetas. Tienes más acceso a información, existen muchos seminarios, muchos talleres, muchas lecturas poéticas. En Los Ángeles hay muy pocas lecturas poéticas, la oportunidad de yo poder compartir con poetas es sólo el taller literario”.
No se queda en la postura más cómoda, ésa que atribuye toda la responsabilidad en este escenario de carestía a las autoridades: “O sea, deberían incentivar más el cuento, dar más oportunidades, pero también nosotros los poetas deberíamos movernos más”.
Encuentro de poetas
El problema principal que detecta en ese sentido es que los valores jóvenes se van y quienes se quedan no hacen demasiadas cosas, salvo el contado sobreesfuerzo de algunos.
Lo positivo es que de lo poco, el material disponible es bueno, resalta.
“Las que ya te cité: la Paola Villar, la Jenny Díaz, el Rafael Rubio, José Pacheco, que lo encuentro ‘seco’, pero lo han discriminado ‘ene’; el Rodrigo Vivanco… y hay poetas jóvenes súper buenos… Felipe Burgos, un chico que estuvo en el taller literario y que ahora está estudiando en Concepción, él es increíble como poeta. Hay buenos valores, si lo miras con otras ciudades, no hay nada que envidiar”.
A propósito, ¿cómo se determina si un poeta es bueno?
“Es como el manejo de la técnica. Así como en el cuadro tú valoras la sombra, los colores, el estilo, tú en una poesía tienes los recursos literarios. Tienes el ritmo para evaluar, hay ‘ene’ elementos para analizar un poema. Si tú conoces algo de técnica puedes evaluar el poema, y la otra parte que también es súper importante es la emocional, si te provoca algo”.
No es menor esta parte más subjetiva. La joven cuenta que ha invitado a varios poetas a la ciudad, algunos reconocidos a nivel nacional, “pero acá no causan nada. En la estructura se manejan súper bien, ganan muchos premios, pero tú los pones en un recital poético y la gente sale igual de vacía”.
CAMINO ABIERTO
Con 24 años recién cumplidos, y como ya quedó de manifiesto en los párrafos anteriores, a Carla el tema de producir libros, por ahora, no le interesa en demasía. Dice que la motiva más trabajar grupalmente, como lo ha hecho hasta ahora.
Pero sí tiene una idea en mente.
“En un libro es complejo, pero sí me gustaría sacar hartas postales con varios diseños y regalarlos a nivel nacional, como lo hizo Guillermo Deisler, un poeta visual de la Quinta Región que falleció hace harto tiempo, y que masificó su poesía a través de postales. Lo encuentro súper entretenido”.
Se declara aperturista y, en consecuencia, considera su proyecto como una buena alternativa para incentivar la lectura.
“Estamos en un tiempo en que cuesta que la gente lea por el ritmo de vida que tiene, entonces encuentro que hay que –al contrario de otros que piensan que no, que debe mantenerse la forma, que para eso existen los libros-, adecuarse a los tiempos y hacerles la pega fácil, para que lean”.
En lo que se refiere a temas, manifiesta que le atrae mucho la crítica social. Opina que el ser artista está ligado a una irrenunciable responsabilidad social: “Nosotros tenemos la capacidad de percibir y yo encuentro que el arte se hizo para criticar la sociedad en la que estás viviendo. Si tú vas a los libros antiguos, vas a encontrar cómo vivió la gente en esa época”.
En esta época, en la cual le corresponde estar, existen hartas cosas que deben quedar escritas, insiste: “Me llama mucho la atención el tema de la desigualdad social, que tiene que ver con el tema político también; un tiempo escribí de género también, pero ahora no me llama tanto la atención. Lo principal es la crítica social con uso de harta ironía y también el amor -en este caso el desamor-, me gusta escribir del sufrimiento, del despecho…”.
Además de escribir, espera para los próximos años continuar en la generación de espacios para los artistas angelinos por intermedio de su gestión en 7 Ramas, agrupación en la cual participa activamente.
Es su humilde y, a la vez, ambiciosa pretensión. Una que complementa con los sueños, penurias, alegrías e instintos registrados con pluma y papel, luna tras luna.





