El Teatro y María Alicia Peña: una agradecida de las tablas

Por • 31-octubre-2009 • Archivado en: En las 7 ramas del arte

Aportar en la formación de los nuevos profesores y ayudar a mujeres que son víctimas de la violencia son el aporte que María Alicia Peña realiza a la sociedad a través del teatro. De esta manera, cree, devuelve lo que este arte, que conoció casi desde la cuna, ha entregado a su vida.

María Alicia Peña

María Alicia Peña

“Mi ambición es traspasar a la mayor cantidad de personas la riqueza que significa meterse en este mundo, porque si ha hecho algo bueno conmigo, lo puede hacer con cualquiera. Si lo pudiera lograr, me sentiría más que pagada”.

Estas palabras no son una frase cualquiera. Constituyen una auténtica declaración de principios para María Alicia Peña, una “toma de conciencia” que esta actriz y directora de teatro de oficio comenzó a madurar cuando tuvo ante sí, hace ya varias décadas, las primeras imágenes del arte que la estremecería.

Eran escenas desarrolladas al aire libre en el foro de la Universidad de Concepción, por grupos de teatro aficionados pertenecientes a las diferentes facultades de esa casa de estudios, donde estudiaron sus padres y en la cual también ella se formó, como educadora de párvulos.

Ver a sus padres sobre las tablas, como integrantes del Teatro de la Universidad de Concepción (TUC), y observar los movimientos, la intensidad, la pasión de actores en ese entonces incipientes -hoy consagrados a nivel nacional-, fue su mejor escuela y han marcado, asegura, lo que a sus 53 años es como mujer y profesional.

“Ellos participaban del elenco del TUC. Por lo tanto, como cabra chica que era yo en ese tiempo, partíamos a todas las obras de teatro. Yo siempre lo señalo: si bien es cierto no fui a una escuela formal de teatro, tuve la mejor escuela, porque yo trabajé en Concepción con Brisolia Herrera, con Lucy Neira, con Lientur Rojas, que son señalados como referentes importantes dentro del ámbito teatral penquista”.

Refuerza sus dichos, nombrando a algunos de los integrantes del TUC que luego alcanzarían notoriedad nacional, como son el caso de Jaime Vadell, Luis Alarcón o Delfina Guzmán.

“En ese tiempo, en la Universidad de Concepción había mucho movimiento artístico cultural. Yo estudié en la academia de Conchita Nolia Ferrada. Cuando se cerró esa academia nos fuimos todas a lo que hoy es Artistas del Acero que, en ese tiempo, estaba muy incipiente, pero que hoy día es ‘Artistas del Acero’. Ahí tuve toda mi formación con danza y con teatro, que fue después complementado”.

Insiste convencida en que lo es actualmente se lo debe a esa experiencia: “De ninguna otra forma podría yo mirar yo el mundo si no fuera desde esa perspectiva”.

¿Cuál es esa perspectiva?

Concuerdo con lo que dijo en una entrevista uno de estos actores de Hollywood, a quien le preguntaban cómo era el cerebro del actor. Él decía que el cerebro de un actor era un cerebro de preguntas, porque el actor necesita para su trabajo hacer mil preguntas. Si a tí te dicen que vas a hacer un personaje X, tienes que saber por qué se llama así, de dónde vino, por qué actúa de esta manera… ese preguntarse se transforma en una forma de vida.

Taller de Teatro

Taller de Teatro

En lo personal, se define como “bastante preguntona”, lo cual intenta plasmar en las actividades de docencia, inculcándoles este aspecto a sus alumnos de la Universidad de Concepción sede Los Ángeles, todos del área de Educación.

“En la primera clase siempre parto diciéndoles ‘no hay forma que tú puedas empatizar y entender lo que a ese alumno le está pasando, si no haz investigado primero lo que te ha pasado a tí’. Es decir, si yo no tengo cercanía con lo que pasa conmigo, con la rabia, con la frustración, con la pena profunda, con la alegría profunda- si no exploro en eso-, difícilmente voy a poder entender a mis alumnos”.

LA MAGIA DEL TEATRO

El teatro le ha proporcionado ese enfoque, y no intenta ocultar su agradecimiento. María Alicia rememora esos años en que se encontró frente a frente, siendo una cabra chica como ella dice, frente a este mágico mundo.

“Era mágico, mágico, esto de crear mundos extraordinarios, y de la nada. Yo era parte de lo que ocurría en Concepción, con estos grandes festivales de teatro aficionado que se hacían. Todas las facultades tenían su grupo de teatro y se hacían los festivales en el foro de la universidad, al aire libre”.

El momento histórico aportó lo suyo también: “La Universidad de Concepción fue generadora de muchos movimientos, además del artístico; entonces, eso daba un contexto totalmente distinto. De hecho, después el mismo teatro del TUC o el Club de Teatro que estaba paralelo al TUC -al elenco estable-, derivaron en hacer teatro de protesta, teatro más llamado ‘panfletario’, más con una razón social”.

¿Y cómo definirías el teatro que tú haces?

Mi forma de ver el teatro tiene que ver con la intuición, es totalmente intuitivo. Yo no te podría decir que aprendí la técnica de esto, creo que fui esponja desde que existo, fui recibiendo y recibiendo y eso me dio un manejo de mi lenguaje corporal, por ejemplo, del que hoy día tengo más conciencia del que tenía antes.

TuMirada.cl

TuMirada.cl

Del teatro resalta “el tremendo poder comunicacional que tiene”, lo cual permite recrear antiquísimas obras, las cuales tienen plena vigencia hoy día. “El lenguaje que vas utilizando es el que va variando, porque obviamente que hace 20 años la forma de mostrar el trabajo teatral era mucho más rígida; hoy día tienes una gama de expresiones impresionantes. Yo, por ejemplo, estoy explorando en la danza teatro, para vincular mis dos disciplinas favoritas”.

Gracias a esa mixtura se adjudicó un Fondart, el 2003, el cual ejecutó en un trabajo con un anterior grupo de alumnos, el 2005.

Independiente de la forma en que se presente, María Alicia tiene la plena convicción de que el teatro siempre tiene algo que decir: “Siempre tiene un mensaje. Tiene el teatro en sí mismo, yo creo, una crítica social. Si tú tomas un Molliere, un Shakespeare, al clásico que tomes, o a cualquier dramaturgo actual, tiene –con matices diferentes- siempre una crítica social”.

Explica que eso es lo que hace la puesta en escena: toma la realidad y la lleva al escenario para mostrarla; enfrenta al espectador con una realidad recreada.

LENGUAJE UNIVERSAL

Por “su pureza”, señala que la tragedia griega es lo que más la atrae dentro de la expresión que cultiva, aunque advierte que aquél que desee adentrarse en esta ruta debe, necesariamente, recorrer todos los senderos, clásicos y actuales, sin temores.

“Por ejemplo, con Shakespeare. En el imaginario de la población está que él es uno de los clásicos, que no cualquiera puede representar a Shakespeare y lo vemos súper lejano, pero hay que tomar a Shakespeare, desarmarlo e interpretarlo, si para eso está. A lo mejor no soy una actriz shakespereana, que cuente con una preparación súper depurada, pero yo sí lo puedo representar, porque está para representarlo. Y tengo que conocerlo, tengo que enfrentarlo”.

En ese afán –brevemente interrumpido por nuestra conversación, que concretamos en la sala 309 A de la UDEC angelina- se encuentra por estos días, trabajo que espera presentar a mediados de noviembre y que toma tres escenas de tres obras distintas.

Dos de éstas pertenecen a Shakespeare y la otra a Federico García Lorca: “Otelo”, “Romeo y Julieta” y “Bodas de sangre”, respectivamente, que son –así los denomina- los instantes del amor: el amor juvenil, encarnado por “Romeo y Julieta”; la infidelidad del amor, presente en “Bodas de Sangre”; y el famoso “Otelo”, que grafica los celos extremos que puede provocar el amor.

Archivo Prensa

Archivo Prensa

Las escenas de esta trilogía son la del balcón, en “Romeo y Julieta”; la de la muerte de Desdémona, en “Otelo”; y la de la huida, en “Bodas de Sangre”.

“Los chiquillos no tienen ninguna preparación para enfrentar esto; sin embargo, con el trabajo ellos se acercaron a estos clásicos y lograron entender… lo que a mí me da la pauta para decir ‘el lenguaje es universal”.

Los “chiquillos” han tenido que aprender, han tenido que investigar, leer largas y complejas obras, completas. Ensayan desde el primer semestre, dos veces a la semana, esfuerzo que deben compatibilizar con su carga académica obligatoria. Se nota, en todo caso, que disfrutan lo que hacen de manera extracurricular bajo la guía de su “profe”, como llaman a María Alicia, quien es madre de tres hijos –un varón, de 30 años y dos hijas, de 28 y 25, respectivamente- y abuela de cinco nietos.

“Mis hijos son bastante artistas, ‘lo que se hereda no se hurta’, ja, ja, ja. Mi hijo mayor se dedica mucho a la música; mi otra hija es artesana, por eso fue a dar a la Isla de Pascua, donde se casó con un pascuense”, aporta.

A LOS ÁNGELES POR ¿UN AÑO?

Nacida en Concepción, y con gran parte de su vida desarrollada en la capital penquista, María Alicia vive en Los Ángeles desde 1998.

“Mi profesión de educadora de párvulos me trajo como supervisora técnica de la Fundación Integra. Trabajé muchos años ahí, y después fui derivando a hacer clases a partir del 2002 en la universidad, como docente de asignatura y, a partir de 2004, tomamos la responsabilidad del extracurricular”, detalla.

El plan era permanecer por estos lados por uno, a lo sumo dos años, pero la estada se ha extendido más allá de lo planificado originalmente.

Taller de Teatro

Taller de Teatro

En el resumen, la experiencia en la capital provincial de Bío Bío ha sido “de dulce y agraz”, no exenta de obstáculos en cuanto al desarrollo artístico.

“Yo he hecho teatro toda mi vida, he participado de compañías, he estado en distintos grupos mientras estaba en Concepción. Entonces, cuando llegué a Los Ángeles, intenté –a lo mejor me van a odiar por lo que voy a decir, pero creo que es la realidad, estoy tratando de ser bastante objetiva- insertarme, pero habían círculos bien cerrados”.

Las dificultades para integrarse a algún grupo, sumadas a la carga de su actividad laboral, la fueron aislando mucho más. Solitaria, derivó en la dirección teatral, que es lo que está haciendo ahora.

“Es mera casualidad, porque no es el lugar que más me gusta. A mí gusta estar sobre el escenario, y eso no he podido hacerlo hace mucho tiempo. El último trabajo que yo hice fue un monólogo de García Márquez, que fue un trabajo apasionante, porque fue bien largo. Lo hice en Concepción y luego lo repetimos acá. Lo hice el ’93 y la última vez que lo montamos fue el 2004, 2005, acá en Los Ángeles”.

Ese trabajo lo llevó a cabo con sus ex compañeros de Concepción, de la compañía de Lientur Rojas.

La docente opina que en el último tiempo se ha forjado un semillero de actores en la comuna, situación cuyo crédito atribuye a la labor de agrupaciones como Perfiles y Siluetas: “Lamentablemente –es mi apreciación y puede que me equivoque-, pero eso ha quedado en nada para la ciudad, porque los chiquillos que han logrado sortear el obstáculo, se han ido para Santiago, se han ido a estudiar afuera de la ciudad. No se ha traducido en un movimiento concreto y fuerte acá mismo en Los Ángeles”.

MUJER Y TEATRO

María Alicia no sabe cuánto tiempo más se quedará en su segunda casa. Dice que no es de aquellas personas que se programan tanto en la vida.

“Eso a veces me juega en contra, porque con este aspecto que tengo, con esto que yo transmito de pronto la gente se arma una serie de fantasías (por ejemplo, los chiquillos tienen la fantasía de que la profe es ‘súper artista’, de que la profe es súper carretera buena pa’l copete, buena pa’l pito), cosas que yo nunca he hecho en la vida, porque no tienen que ver conmigo nada más”.
Manifiesta que ha ido tomando conciencia de lo que transmite, lo cual va más allá de lo que muchas veces pretende, se le arranca nada más…

“Claro, porque todo este cuento me ha dado una forma de vestir, una forma de caminar, una forma de moverme. Puede sonar súper vanidoso lo que te voy a decir, pero es la toma de conciencia de las cosas: yo sé perfectamente que donde entro, no paso ‘piola’”.

TuMirada.cl

TuMirada.cl

En los últimos tres años, María Alicia se ha relacionado con el tema de género. Como monitora del centro Mirabal, dependiente del Sernam, trabaja con las mujeres víctimas de violencia.

“Estudiándolo, me he dado cuenta cómo ha sido determinante en la vida de las mujeres esta inequidad que existe respecto al género y que tiene que ver –desde mi perspectiva- con todo un trasfondo sociocultural. Hay una cultura que hemos construido entre todos, que es discriminatoria con las mujeres”, plantea.

Cree que en el arte, en el presente, esta inequidad no es tan marcada, aunque se observan resabios que explica haciendo un paralelo entre arte y política.
“La política y el arte se hace mayoritariamente después de las 6 de la tarde, y después de las 6 de la tarde las mujeres tenemos que responder a labores domésticas y de crianza en mayor medida que los hombres; por lo tanto, en política, la participación de las mujeres es difícil, bastante disminuida, y en menor nivel eso se ve en el arte”.

Pese a ello, tiene claro que se da mucho menos en el ámbito artístico, y mucho menos en el ejercicio teatral: “aquí es donde mayormente se plasma la democracia y las equidades que corresponden a ella, porque en un grupo de teatro todos sirven”.

Volviendo a su labor en Mirabal, indica cómo sus conocimientos teatrales le han servido para llevar a cabo sus intervenciones con mujeres víctimas de violencia.

Estas mujeres, explica, presentan una particular característica, que es la de separarse de su cuerpo: “ellas son ‘para otros’, tienen muy poca cercanía consigo mismas, lo que puede sonar ‘muy volado’, pero tiene mucho sentido, porque esas mujeres –por el hecho de saber que siempre tienen que responder a otros, se olvidan de sí mismas- ‘deben obediencia’ al marido”.

Dentro del modelo de intervención se hacen estos talleres, que son de acogida y de apoyo y donde, básicamente, se trata de juntar a esta mujer con su cuerpo, su relato, su historia.

Ahí es donde siente la utilidad de años y años ligada a las tablas.

“Todo lo que tiene que ver con hacerles tomar conciencia de su lenguaje corporal, de cómo ellas pueden expresarse, todo lo que tiene que ver con la expresión y la comunicación… es algo que me ayuda muchísimo. El poder trabajar con las emociones, el poder escuchar un relato atroz sin ponerme a llorar -porque debo mantener el control de mis emociones-, ponerme ‘en personaje’ para serle útil a esa mujer, o ser una facilitadora para que ella se abra al diálogo”.

De esta relación teatro-mujer resalta también el proyecto que está ejecutando en la población Domingo Contreras Gómez, donde prepara una creación colectiva con las 10 mujeres y el varón que integran su taller, sobre la historia de este populoso lugar de Los Ángeles.

PROYECCIONES

Si bien no le gusta proyectarse a largo plazo, María Alicia espera que con su aporte,los alumnos de Educación puedan desestructurarse: “yo creo que la educación va a tener una gran transformación cuando lo entendamos como un ente transformador. Porque si seguimos ‘cuadrados’, poco vamos a hacer. Lo que hay que hacer es desestructurar a los futuros profesores, a los futuros docentes, que sean capaces de ir contra lo establecido, de no asustarse con la diferencia”.

En lo estrictamente personal, le gustaría mucho volver al escenario, cree que ésa es una tarea que tiene pendiente.

También espera que se produzca una unificación del movimiento artístico angelino, “porque sé, conozco que hay un potencial tremendo, pero necesitamos juntarnos, aunar los esfuerzos. A uno y a otro nos está costando la vida, y resulta que no alcanzamos a encontrarnos porque ya se nos fue la vida. Yo sueño con eso. No hemos avanzado mucho en que el arte deje de ser el pariente pobre de la vida, todavía nos cuesta mucho dedicarnos sólo al arte, eso no lo hemos desterrado todavía”.

Déjanos un comentario