La pintura y Mel Morel: del corazón a la tela
Mel Morel, joven y promisoria artista visual angelina, integrante del Centro Cultural 7 Ramas. Conozca su vida y carrera profesional en “Mujeres y Hombres Angelinos en las siete ramas del Arte”.
Mel Morel
Existe algo demasiado particular en la belleza de Mel Morel. Es verdad que a simple vista no pasa desapercibida: su exótica piel morena y su figura delgada, pero bondadosa en formas, la hacen una mujer muy llamativa. Es también dueña de una mirada profunda, la cual puede sostener por tiempo prolongado sin problemas, arrogándose una inquietante sensualidad.
Por si fuera poco, los años que tiene no los representa en absoluto, algo que hoy –a los 36- considera “una buena herencia de familia”. Cuando era veinteañera y la confundían con una menor de edad no lo apreciaba de esa manera, y más de un chascarro tuvo que enfrentar.
Melisa Coloma Morel Hernández, el nombre completo de esta promisoria pintora angelina, es ante todo madre, asegura. Lo es de dos hermosos y revoltosos pequeños Celeste (9) y Vasco (4)- , quienes ocupan gran parte de su tiempo y preocupación y que, durante nuestra charla, revolotean incesantemente por la amplia casa que comparten en el centro de la comuna.
Al hablar de ellos, aflora su sonrisa impregnada de magia, una sonrisa que se repetirá a lo largo de la entrevista, sea como una leve mueca, o bien, como desatada carcajada.
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Sin temor a errar, allí radica la singularidad de Mel. Posee una sonrisa especial sin dudas, sobre todo espontánea, que contagia e invita al optimismo, y que maximiza su dulzura. Que comunica.
Ella misma se declara una mujer “positiva”. Tal vez sea una actitud que mana de su torrente caribeño, la sangre de su padre Manuel, quien en la década de 1970 arribó desde República Dominicana para estudiar y trabajar en Chile y que en 1973 –tras el Golpe de Estado- retornó a su patria con una esposa chilena (Patricia) y dos retoños a cuestas.
Tenía dos años y meses cuando fue arrancada de su natal Concepción para emprender vuelo con su familia hacia suelo centroamericano. “Me crié en el centro del país –no tenía playita cerca-”, aporta acotadamente.
Como la tierra llama, con 22 años decidió volver a Chile. Llegó a la capital penquista en 1995, para estudiar Publicidad en el instituto profesional DUOC, carrera que cursó exitosamente, egresando en 1998.
ENTRE DOS AMORES
En su estadía, que originalmente sería temporal, sucedió algo no planificado. Enamoradísima, no tuvo más remedio que tomar una crucial decisión para su vida que es, además, la que hoy la tiene enraizada a Chile.
“Entre trabajar y casarme y tener hijos, opté por la segunda opción, y me dediqué a tener familia, dejando a la publicidad de lado. Luego, con el tiempo, el año 2003 más o menos, la retomé. Empecé a hacer redacción publicitaria, a trabajar en radio, hice hartas frases radiales, traté de especializarme en eso”, rememora.
Eso ya en Los Ángeles, hasta donde llegó con su marido. Asevera que la ciudad le gustó inmediatamente y que tiene grabado aquel día en que las calles angelinas se abrieron ante sus ojos por primera vez, cuando el vehículo en que venía ingresó por avenida Vicuña Mackenna.
Tras su primera fase laboral, tres años más tarde, ocurre un nuevo cisma en su vida. En ese momento se detiene, cuestiona, analiza y determina que le “carga andar vendiendo la pomada” y que, de ese momento vendería la propia. “Dije ‘chao’, no pesqué más la publicidad. No hago logos, ni afiches, ni nada”.

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En paralelo, había comenzado ya su travesía por el a veces borrascoso océano de la pintura.
“Había empezado a jugar en realidad, porque pintaba para la casa nada más. Empecé a pintar, más que a adornar la pieza a mis hijos, era como contarle cuentos con las pinturas, que es como lo que siempre he hecho. Contar una historia”, explica.
Quienes tuvieron contacto con sus noveles “historias” se sorprendieron. Otros más activos, como su cuñado, iniciaron las respectivas gestiones, consiguiendo que Mel montara su primera exposición. Al año siguiente, el 2007, fue invitada a la mayoría de las muestras colectivas hechas en Los Ángeles, y también en Laja.
¿Cómo recuerdas tu primera exposición?
“La primera fue súper mágica, tanto en la creación –el antes, el durante y el después-. Es la primera pues, entonces uno está con toda la ingenuidad del mundo. Yo no estudié pintura, entonces era como súper ingenua para pintar, no estaba ‘maleada’, como dicen los pintores, no ‘cachaba’ que hay cosas que no se hacen y, etc., lo hacía no más. Pintaba desde el corazón a la tela”.
En esa primera etapa, explica, trabajaba mucho con los sueños, “y con la incoherencia. No eran muy coherentes mis trabajos, vendía aplausos de mariposas, ponte tú. Se me perdían los sueños, que eran cojos. Era como poético, súper poético”.

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Los primitivos dibujos para contar cuentos a sus niños pues, fueron dando paso a trazos más elaborados. Su formación como publicista, además, le entregó conceptos que quiso aplicar sobre la tela. Así, se atrevió con los “quebrantahuesos”, pequeños llamados –“casi publicitarios”, advierte- pero que en sus obras pictóricas entregan un toque más cercano a lo poético.
Los “quebrantahuesos”, célebres en el trabajo del antipoeta nacional Nicanor Parra, constituyen un recurso gráfico no abandonado hasta ahora por Mel, que le dan un toque distintivo a sus cuadros.
¿A QUIÉN ADMIRAR?
Un solo pintor le quita el sueño, el austríaco Gustav Klimt, a quien admira luego de ver uno de sus trabajos el cual, simplemente, la trastornó.
“Me dije ‘así quiero pintar yo’, o sea no igual, pero esa técnica me gustó, ‘voladas’ y caras, expresiones, que se vea la humanidad. Porque él juega mucho con las cositas, florcitas, chiquititos, hace unas cuestiones espectaculares. A mí me gusta mucho, ha sido el único como que le he seguido la onda y le busco”.
Eso es en el presente, ya que cuando tomó el pincel en serio, desconocía mucho respecto de técnicas, estilos, incluso de autores.
“Yo tenía una habilidad, me gustaba; siempre andaba dibujando caritas, en todos lados, desde siempre. Pero seguir alguna línea, en conciencia, no”, reconoce, aclarando a continuación que eso ha sido subsanado: “Creo que ahora me he puesto más atenta con el tema, y trato de buscar tendencias, estilos, de entender porqué ciertos pintores fueron importantes, pintores que a mí no me gustan, pero que son considerados importantes”.
Entre los angelinos destaca a Cristian Fuica, quien es también su profesor. En el ámbito nacional, sus votos son para el porteño Edwin Rojas.
“Me encantan todas sus pinturas, también juega con la figura humana y es muy onírico, como medio surrealista. En realidad no sé dónde está clasificado, porque hay tantas clasificaciones”.
Y el trabajo que realizas, ¿en que categoría se sitúa?
“A mí me han clasificado como naif, pero a mí no me gusta mucho. Es un movimiento donde hay pureza, ingenuidad, es como infantil. Yo he tratado siempre de comprender el naif y no lo comprendo mucho. Dicen ‘ella es naif’ y yo no me considero naif, pero bueno… los que saben…”
¿Cómo te consideras?
“Yo me considero… eh…”
¿Estás buscando todavía?
“Yo creo que sí, he seguido buscando. De hecho, ahora estoy preparando una exposición que, espero, esté lista este año o a principios del 2010, que sea una exposición Bicentenario. Me busco, me busco, como que me encuentro a veces… sigo; sé que cuando uno busca, encuentra”.

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Su proceso creativo, dentro de esta exploración inconclusa, juega un rol fundamental. Mel se confiesa algo esquematizada, muy apegada a una rutina reforzada por sus obligaciones de madre.
“Eso es todo un cuento. Según yo, la musa me llega al amanecer. A todos les llega de noche en los bares, pero a mí me llega en la mañana temprano, así que me obliga a levantarme temprano. Me gusta el amanecer, cuando recién están saliendo las primeras luces, los primeros pájaros, el silencio, la soledad; todo eso me inspira”, relata.
Sagradamente, pone sus pies en el suelo poco después de las 5 de la madrugada. Dice que a esa hora se le aparecen, enviadas desde el cielo, las mejores ideas que ha logrado plasmar. Está segura de esa intervención divina pues –repite- de la nada, nada sale.
Algunas de sus pinturas las ha hecho en un día, mientras que para culminar otras ha empleado varias semanas. Eso depende de la complejidad de cada trabajo, explica. Lo que sí, en tela trabaja sólo con acrílico; es más, se declara “ni ahí con el óleo”.
EL “BICHITO” PENDIENTE
Si bien estructurada en ciertos sentidos, existe un tema en lo que se considera bien innovadora, por lo menos dentro de Los Ángeles. Se trata de la pintura digital, a la cual llegó a través de los experimentos que realizaba con el Photoshop en sus ratos de ocio.
“Empezaba a tontear con fotos, luego seguí trabajando sin fotos, a pintar nada más. Después empecé a hacer fotomontajes y descubrí que había todo un mundo de lo digital, y que existían los pintores digitales. Hay un montón de pintores digitales en el mundo, y son buenísimos (…) es algo que yo sigo, no desisto, aunque me echen el buque para abajo”, reflexiona.
Es que se lo han echado abajo, una y otra vez. Asevera que no la pescan, que los entendidos en la materia no ven la pintura digital como obras de arte, que no la sienten como pintura: “En Los Ángeles he podido salas de exposiciones –no voy a decir los nombres- y no me dicen que no, pero me cambian el tema, que es lo mismo”.
Algunos artistas, sin embargo, la apoyan. La incentivan a que insista con su idea, pues algún día verá la luz.
Mel tiene claro que así será. Esa gran frustración se la sacará “lueguito”, sostiene con su acento mestizo que, al pronunciar “lueguito”, se inclina claramente hacia su raíz dominicana.
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“Está ahí pendiente, tengo proyecto de imprimir (las pinturas digitales) en un libro, no sé, pero ahí guardado en un archivo del computador no lo voy a dejar. De hecho sigo, y sigo, sigo haciendo tonteras, me gusta. De repente salen cosas bien simpáticas y que despegan”.
En todo caso, esa negativa es la única que ha recibido desde que se incorporó al “inframundo cultural” de Los Ángeles, como define a ese extendido circuito que, subterráneamente, trabaja en la capital provincial, en la siete ramas del Arte.
“Siento que soy como la aparecida, con santos en la corte, etc. (risas inacabables). Tengo varios amigos pintores, que son del ámbito; siento que tengo ene acogida, algunos me tendrán un poco de fe -no todos-, pero creo que hay un ‘miti miti’: hay algunos que piensan que puedo ser alguien, y hay otros que soy una apitutada nada más, que estoy aburrida en la casa, y que pinto por pintar el mono. Igual yo no pienso igual, pero bien…”
Como hija adoptiva de esta ciudad, se siente bien adoptada, “o me hice adoptar. No soy una angelina típica, muchas veces no me siento angelina, para nada. Sin embargo me gusta, me gusta como me acogen, tengo un gran circuito de amigos. Es rico que te vayan apoyando”.
La gente nota que no es angelina de nacimiento –manifiesta-, sobre todo por el empleo de colores, porque los que utiliza son muy estridentes, ‘chillones’, notoriamente caribeños: “Traigo todos los colores de allá, y eso se nota, y es inevitable, porque me gusta lo colorinche. Si me escucharan los dominicanos, me pegan, porque ellos no se sienten así, ja, ja, ja”.
HACIA LA LUZ
¿Ambiciones? Las de Mel Morel son a corto plazo. No puede proyectarse a diez años, porque se considera muy conciente que en esa fecha podría no estar en este mundo. Así es su naturaleza, simplemente.
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“Para este año, para fin de año, quiero hacer una exposición, pero quiero moverla por varios lugares, no quiero quedarme estática. Y ojalá que Dios me ayude a llegar a República Dominicana, que mis obras vayan a pasear, para que mi gente las vea. Esos son mis planes. Yo creo en el poder de los sueños, si miro el norte, marco la línea recta y espero que Dios me ayude”, postula.
Pese a ello, no puede negar que una carrera pictórica, como idea, mueve sus cimientos: “A veces vislumbro cosas, pero a veces creo que debo seguir viendo el presente y exprimiendo los limones que caen, sin pensar en el qué va a pasar mañana, aunque es inevitable pensar en el futuro”.
Mostrando mucho temple, sostiene que los obstáculos que pudieren aparecer en ese eventual camino, no la intimidan. Las críticas, por ejemplo, no la molestan. Está acostumbrada a ellas.
“Sé que fui novata, que empecé de a poco, sin cachar nada, así que es obvio que te hagan pedazos, muchos (…) trato de aprender y de verle el lado positivo a eso”.
RESCATE DE LA PUREZA
Retornando al no lejano inicio, la pintora local reclama, casi desde el fondo de su alma, que le es complejo hoy día seguir aquella línea infantil, que fue la base de sus primeras pinceladas.
“Me cuesta mantener esa pureza, porque lamentablemente uno se va ‘maleando’, va conociendo cosas que a veces es mejor no saber. El empleo de ciertos colores, o la ubicación de ciertos elementos que yo llegaba y tiraba, llegaba y ponía; hoy en día sé cosas. Entonces, esa pureza se pierde”.
Lo señala con propiedad, pues lo comprobó durante su segunda exposición, la cual cataloga como “la peor que he hecho”.
Trató sobre mitos, y ella decidió salir de lo común –mitología chilota, griega, escandinava, etc.- para experimentar con otros conceptos que a su juicio podrían ser tratados como mitos, tales como el amor, la mentira o los borrachos.
Lo negativo fue que, en esta experiencia, se dejó aconsejar por mucha gente, perdió su norte y no hizo lo que sentía era su deber realizar: Pintar desde el corazón a la tela: “Ahí ya me ‘maleé’”, admite entre risas.
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Pese a ello, el 2008 y 2009 ha participado en varias exposiciones colectivas, en la Sala Pedro Luna y en otras galerías, como la que inauguró tiempo atrás el centro comercial Mall Plaza Los Ángeles.
Reencontrar la ruta extraviada, de buenas a primeras, no le ha resultado fácil pero, como en la historia de Hansel y Gretel, todavía se ven algunos guijarros sobre el sendero.
“A veces me preguntan porqué dibujo negros. Al principio fue una nostalgia, entre nostalgia y capricho, de dibujar negros. Quiero hacer negritos, pero aquí no veo negritos, y yo me crié entre muchas personas de piel oscura y era una forma como de plasmar recuerdos…”
El subconsciente funcionando…
“Yo creo. Una vez vino el pintor Víctor Jara, él hizo un análisis de mi segunda exposición y me dijo que dejara de pintar negros, que porqué no pintaba morados, azules o verdes… estaba muy ‘pegada’ con los negros y no he podido despegarme de eso. Me he despegado de montones de cosas, pero eso no me interesa, me gusta”.
Es que Mel considera que las cosas que le son naturales resultan más alegres, y entregar alegría y esperanza –que es lo que varias personas le han dicho transmite su obra- se ha convertido en uno de los objetivos descubiertos durante este transitar.
¿Buscaste ese efecto?
“Al principio no, después te das cuenta, eres conciente y te preguntas qué quiero hacer, qué quiero comunicar, qué quiero transmitir con una pintura y ahí, si logro hacer reir a alguien, me doy por satisfecha. En el fondo, hacer sentir bien, no que te ‘enrollís’ cuando veas una de mis pinturas, ni que te ‘caguís la cabeza’, o que te impactes con un color, nada de eso”.
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Respira hondo, mientras enciende un nuevo cigarrillo –sí, lamentablemente tiene ese vicio-, suspira y echa un vistazo al horizonte, satisfecha. Luego retoma la idea: “En ese sentido, me creo positiva y optimista. Soy muy creyente, me gusta transmitir fe en la vida, acoger gente y darle alegría, que tiene que ver con la mirada de mujer, con el tema de la maternidad”.
Repasa lo acaecido en una muestra colectiva que hubo en la Universidad de Concepción, de la cual participó con la pintura “más fea” que ha hecho, una que a nadie le gustó, indica.
Mel estaba conciente de que no era su mejor trabajo, pero quiso “jugar”. La pintura tenía un fondo negro, algo en lo cual reparó Carla Burgos, cercana a Mel y presidenta del Centro Cultural 7 Ramas.
“Me dijo ‘para qué queremos negrura, si hay tanta en el mundo’. Eso me hizo un click, en el fondo fue una reafirmación de lo que yo quiero. Voy a tratar de hacerlo”, señala con tono de compromiso.
Cree que el arte está hecho para comunicar cosas a la gente que las necesita y ése será el propósito de su próxima exposición, llegar al alma de ciertas personas que lo requieren, adelanta.
Tan convencida está de lo que manifiesta, que aquellas obras que confeccionó en días malos y pésimos, las destruyó en su mayoría.
“No existen (ja, ja, ja). Muchas de esas pinturas las encontraba tan patéticas, que no las conservé. No voy a transmitir cosas feas, no quiero transmitir mis problemas. No hacen falta más problemas, el mundo está lleno de problemas. Trataré de mostrar el lado bueno, el lado amable de la vida”.
Con esa última sonrisa, ¿quién podría desconfiar de ti, Mel?






Muy linda entrevista Mel.
También me gusta mucho la obra de Gustav Klimt, la cual me parece increíble.
Saludos Mel,
bellísimo trabajo.
David.
FELICIDADES LINDAAA!!!!
TU PINTURA E LA RAJA!!
TE QUIERO MXO!
Hola Mel… ¿cómo estás?
Realmente muy bello tu trabajo, tu propuesta es muy interesante. Hace mucho que no nos vemos, en realidad me alejé de Los Ángeles, estoy sacando mi 2da carrera en diseño de ambientes, el cine en pausa mientras aprovecho de agarrar nuevas ideas. Había visto algunas cosas tuyas en el facebook, pero aquí encontré algunas piezas que me han llenado mucho.
Bueno, espero que te encuentres muy bien, cariños y saludos, un abrazo a la distancia.
Chau.
Patricio Urrutia.
DOnde esta Mel en Facebook, desaparecio..